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Karma Budista: significado, simbolo, karma kagyu y más

El karma budista es una noción encontrada en diversas religiones orientales, aunque posee diferentes significados. Las ilustraciones sobre el karma exponen que nuestras labores pasadas nos conmueven, ya sea de forma positiva o negativa, y que nuestras labores presentes nos impresionarán en el futuro.

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Significado karma budista

Los iniciales escritos budistas insinúan que no todo lo que advertimos es el efecto de una acción pasada. Puede corresponderse a eventos nativos de un tipo u otro. Este es un lugar en el que el budismo anticipado parece aplazar un poco de las ilustraciones tibetanas rezagadas, lo que propone que todas las cosas clementes y malas que nos ocurren son el efecto de acciones pretéritas.

Si bien consigue haber dudas, u veredictos desiguales, acerca de por qué quedamos advirtiendo algún tipo de desdicha, no hay duda de que conseguimos solucionar cualquier angustia en el momento actual a través de las instrucciones budistas de vigilancia plena y acción fundadas en buenos impulsos. Para los budistas, el karma tiene oposiciones más lejos de esta vida. Las malas labores en una vida preliminar pueden perseguir a un alma a su próxima vida y originar malos efectos, que los americanos y europeos tienen más posibilidades de explicar como mala suerte. (Ver artículo:  cómo nació la Iglesia)

Inclusive un Iluminado no está libre de los efectos del karma antiguo. Una historia relata que el primo del Buda presentó de matarlo lanzándole una piedra. Aunque el experimento decayó, el pie de Buda implicó herido. Expuso que esta era una gratificación kármica por tratar de matar a su hermanastro en una vida preliminar. En un nivel más grande, el karma establece dónde una persona resurgirá y su momento en su contigua vida. El buen karma puede trascender en nacer en uno de los reinos divinos. El mal karma puede originar el florecimiento como un animal, o afligir en un reino del infierno.

Los budistas presentan de laborar el buen karma e impiden el mal. No obstante, el objetivo del budismo es disgregarse del ciclo del florecimiento por cumplido, no meramente para conseguir buen karma y así aparecer en un estado más atrayente. Estos estados, aunque destacados a la vida humana, son impermanentes, ya que inclusive los dioses posteriormente mueren.

La palabra karma simboliza «acción», y esto enseña algo significativo sobre la noción de karma, está explícita por nuestras convenientes acciones, en específico por los motivos detrás de las acciones premeditadas. Las acciones hábiles que llevan a buenos efectos kármicos se asientan en motivos de esplendidez, piedad, amabilidad y devoción, y claridad mental o sapiencia. Los motivos contradictorios de codicia, antipatía, odio e ilusión, cuando se procede sobre ellos, acarrean a malos efectos kármicos.

El karma no es una fibra exterior, no es un método de castigo o distinción tratado por un dios. La concepción se concibe más fielmente como una ley natural equivalente a la gravedad. Los budistas creen que vivimos en control de nuestros acomodos finales. El problema es que la generalidad de nosotros desconocemos esto, lo que causa desconsuelo. El designio del budismo es despojar control sensato de nuestra conducta.

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El Buda instruyó acerca del condicionamiento kármico, que es un asunto por el cual el hábitat de un individuo es estampad por sus labores morales. Cada ejercicio que ejecutamos, moldea nuestros personajes para el en cierne. Tanto los atributos positivos como los negativos consiguen acrecentarse con el tiempo a medida que nos hundimos en costumbres. Todo esto nos hace conseguir karma. Esto ejempla por qué los budistas le dan tanta categoría a ser reflexivos de cada acción que ejecutan.

Proceder sobre las prácticas kármicas aumenta su fuerza. Los budistas disminuyen progresivamente los pensamientos y promociones negativas que advierten, permitiéndoles que broten y se vayan llanamente sin proceder sobre ellos. De esta forma se pueden rasgar los hábitos kármicos.

Esta perspectiva del mundo puede planear una pregunta exclusivamente cargada. Creen de verdad los budistas que las vidas con discapacidad están resistiendo por agresiones en una vida pasada. El tema es más complejo de lo que parece, dice la honorable Robina Courtin, una monja budista tibetana, en esta disputa de radio sobre las cualidades religiosas hacia la incapacidad. (Ver artículo: como murió Herodes Antipas)

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El vocablo Pali Karma simboliza literalmente ejercicio o hacer. Cualquier tipo de trabajo intencional, ya sea intelectual, verbal o física, se medita  como Karma. Cubre todo lo que se encierra en la frase ideología, palabra y acción. En términos ordinarios, toda acción buena y mala compone Karma. En su contrariado último, Karma simboliza toda predisposición moral e inmoral. Las acciones irreflexivas, involuntarias o maquinales, aunque técnicamente vicisitudes, no componen el Karma, porque la energía, el factor más significativo para establecer el Karma, está retirado.

Cada acción autoexhortativa de los sujetos, exceptuado los de Budas y Arahants, se cita como Karma. La excepción formada en su caso es porque son redimidos del bien y del mal; han suprimido la barbarie y el deseo, las raíces del Karma. Se devastan sus semillas iniciales; los deseos egoístas ya no progresan.

Esto no simboliza que el Buda y Arahantas sean pacientes. Son tenazmente activos en el trabajo por la prosperidad real y la prosperidad de todos. Sus acciones colectivamente admitidas como buenas o morales, escasean de poder creativo en lo que se relata a sí mismos. Concibiendo las cosas como verdaderamente son, posteriormente han roto sus cadenas cósmicas, la sucesión de causa y efecto.

Karma no simboliza precisamente acciones pasadas. Incluye tanto los hechos pretéritos ​​como los asistentes. Por lo tanto, en un contrariado, somos el consecuencia de lo que éramos; Concurriremos el efecto de lo que somos. En otro contrariado, debe añadirse, no somos totalmente la derivación de lo que fuimos. No seremos definitivamente el resultado de lo que somos. El presente es, evidentemente, la descendencia del pasado y el presente del futuro, pero el hoy no es siempre un efectivo sumario del pasado o del futuro; tan complicado es el trabajo del karma.

Esta es la disciplina del Karma que la madre guía a su hijo cuando le dice: “Sé caritativo y tú serás feliz y te festejaremos; pero si eres malo, serás desdichado y no te amaremos». En sinopsis, el karma es la ley de causa y efecto en el contorno ético. El karma es gestión, y Vipaka, el fruto o derivación, es su reacción. Del mismo carácter que todo objeto está escoltado por una sombra, así además toda actividad volitiva está irremediablemente escoltada de su íntegro efecto.Imagen relacionada

El karma es como una simiente potencial, el vipaka podría cotejarse con la fruta que brota del árbol, el efecto o la consecuencia. Anisamsa y Adinaya son las hojas, las flores, y todas sus analogías, que pertenecen a diferencias exteriores como la salud, el malestar y la pobreza. Estos son resultados inevitables que suceden al mismo tiempo. Rigurosamente hablando, tanto el Karma como el Vipaka corresponden a la mente.

Como el Karma consigue ser bueno o malo, asimismo puede ser que Vipaka, la fruta, sea sensible o mala. Como el karma es espiritual, Vipaka es mental. Se advierte como felicidad, prosperidad, infelicidad o desventura, según la naturaleza de la pepita del Karma. Anisamsa son las primacías análogas, cosas materiales como la dicha, la salud y la conservación. Cuando las cosas burdas afines de Vipaka son perjudiciales, se las conoce como Adinaya, llenas de infortunio, y surgen como indigencia, fealdad, padecimiento, corta vida útil, entre otros.

La ley del karma es una de las leyes más transcendentales que administran nuestras vidas. Cuando lo concebimos y vivimos nuestra agudeza, cuando procedemos conforme con lo que sabemos, advertimos un sentido de integridad y paz. Si existimos de una forma que está fuera de conformidad, desconociendo la naturaleza de las cosas, entonces advertimos discrepancia, dolor y desorden. La ley del karma es una de las leyes nativas esenciales mediante las cuales entendamos estas situaciones muy desiguales. Es como si todos coexistimos como artistas, pero en lugar de lienzo y color, o mármol o música, como nuestro contorno, nuestros proporcionados cuerpos, mentes y prácticas de vida son la materia prima de nuestra locución creativa. Un gran contrariado de ejecución en la práctica del dharma procede de saber esto y de crear y modelar nuestras vidas rápidamente. (Ver: Porqué fueron perseguidos los primeros cristianos)

Símbolo

Un factor confabulado invariable en las representaciones pictóricas del Gran Buda es el conjunto de tres líneas encorvas con forma de caracol en su nuca. En el diverso universo del arte budista, esta es una peculiaridad habitual que brilla en todas las prácticas ornamentales. Al igual que otros impulsos budistas, asimismo está rociado en un rico simbolismo subjetivo. Se dice que simboliza la voz profunda y estrepitosa de Buda, a través de la cual implantó a sus partidarios al camino del dharma.

La sociedad de la caracola con la voz armoniosa de Buda, dulce con el tenor de su misión edificante, tiene una claridad arquetípica y un sugestivo universal. Es un símbolo definitivo que asocia un objeto fundamental, calificado sagrado en todas las prácticas antiguas, con el cuerpo verdadero real del Buda. De hecho, aunque gran porción de la filosofía budista es recóndita, cuando se trata de la belleza, el arte budista es dignamente famoso por dar una forma física y fácilmente identificable a las verdades filosóficas inconcretas.

El budismo se ha desarrollado a lo largo de los siglos en una representación confusa, pero inapreciable, de simbolismo que ha enfrentado una expresión conveniente en el arte budista. Sin lugar a dudas, el más notorio de estos símbolos es el conjunto de ocho, distinguido en sánscrito como “Ashtamangala”, que simboliza “ashta” ocho y “mangala” que significa propicio. Cada uno de estos símbolos asimismo está asociado específicamente con la forma material del Buda. (Ver: oración a San Antonio para encontrar cosas perdidas.)

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El nudo sin final es un ornamento gráfico cerrado surtido de líneas entrelazadas y en sesgo recto. Se presunción que puede haber avanzado de un viejo símbolo naga con dos serpientes elegantes. Esta última imagen representa la dramática interacción de las fuerzas afrontadas en el mundo dualista de la declaración, lo que lleva a su alianza y, en última reclamación, a la armonía en el cosmos. Este hecho se manifiesta generosamente en la forma proporcionada y conocida del nudo sin fin.

El cruce de líneas nos resuena cómo todos los fenómenos se unen y se acoplan como un curso sellado de causa y efecto. Por lo tanto, toda la constitución es un patrón lacrado en sí mismo sin huecos, lo que traslada a una forma característica de gran sencillez y armonía completamente equilibrada.

Dado que todos los fenómenos están conectados, se concibe que la distribución del nudo sin fin en una tarjeta de regalo o de congratulación constituye una conexión propicia entre el donante y el recipiente. Al mismo tiempo, el recibidor es provocado al karma justo, resonándole que los efectos positivos prometidos tienen sus raigones en las procedencias del presente.

Esto corresponde a que el nudo simboliza una conexión, un lazo con nuestros empleos, que nos une a nuestro acomodo kármico. No en vano, este es uno de los emblemas más preferidos del budismo tibetano. Como el nudo no posee inicio ni fin, también representa la sabiduría inmortal del Buda.

Budismo karma kagyu

La ascendencia Kagyu es una de las cuatro facultades primordiales del budismo tibetano. Tiene sus principios con el Buda histórico. En la vieja India, las ilustraciones pasaron de maestro a alumno durante alrededor de 1.500 años. Pronto, en el siglo X, la práctica nos dice que un asceta nómada llamado Tilopa, consiguió su plena ejecución. Tilopa dio muchas ilustraciones, comprendido el afamado «Ganges Mahamudra», que Lama Ole Nydahl muestra a menudo en los trazados budistas de Diamond Way. Tilopa prefirió a Naropa como su discípulo primero. (Ver: Quien creo los Sacramentos)

Naropa, fue un ex institutor de ideología budista. Tilopa manejó métodos muy consistentes para romper la intimidad de Naropa en las nociones que hoy citamos como “los 12 juicios principales de Naropa”, y posteriormente Naropa se dio cuenta del significado intrínseco de las ilustraciones. Naropa reglamentó las reflexiones que consiguió de Tilopa en los afamados Seis Yogas de Naropa, que literalmente son: Cuerpo ficticio, Phowa, Sueño consecuente, Luz serena, Bardo y Calor íntimo. Todas estas reflexiones se ejercen en el linaje Karma Kagyu hoy. Los estudiantes budistas de Diamond Way ejercen las reflexiones de Phowa y Clear Light.

Marpa el intérprete, era un laico con una familia y un oficio. Asimismo fue un experto budista llenamente realizado. Marpa forjó el difícil y delicado viaje del Tíbet a la India a pie sobre los Himalayas no una, sino tres ciclos. Marpa unió las ilustraciones de Mahamudra del maestro Maitripa y las reflexiones sobre las energías encierras, parte de los Seis Yogas de Naropa. Marpa trasladó muchas ilustraciones significativas y las trasladó al tibetano. Marpa es el primer diestro tibetano en esta estirpe y el precursor de la escuela Kagyu.

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Milarepa asumió una niñez tenebrosa y usó la magia negra para compensarse de varias personas que habían abrumado a su familia. Luego de haberse confundido, demandó al budismo para depurar sus malas labores pretéritas. Milarepa cimentó varias torres para su instructora Marpa con sus convenientes manos, que Marpa inhumanamente le diría que precipitara reiteradamente. De esta forma, Marpa descartó diestramente muchos inconvenientes kármicos para su discípulo. Milarepa pasó mucho tiempo en retiro y consiguió la iluminación. Es mejor distinguido por sus canciones directas de ejecución.

Gampopa fue la discípula más acreditada de Milarepa. El «doctor de Dhagpo» derrochó a su esposa por malestar. En su lecho de defunción ella le hizo dar palabra que no se enlazaría con otra esposa, y entonces Gampopa se reconcilió en monje. Gampopa se preparó con Milarepa, logró la ejecución y recolectó quizás 50.000 discípulos. Cuatro de los escolares de Gampopa implantaron cuatro ramas primordiales del linaje Kagyu son: Barom Kagyu, Karma Kagyu, Phagdru Kagyu y Tshalpa Kagyu. (ver artículo: Tipos de budismo)

Otro de los discípulos de Milarepa, el yogui Rechungpa, trasladó varias comunicaciones significativas a la estirpe Karma Kagyu y, junto con Gampopa, fue competente de Dusum Khyenpa. Al hallar con Dusum Khyenpa, Gampopa les dijo a sus discípulos lo siguiente: “Pretende ser un alumno mío para conservar mi linaje para los futuros seres sensitivos, pero en realidad, ya ha alcanzado el objetivo del camino».

Dusum Khyenpa se reconcilió en el subsiguiente teniente del linaje Kagyu. Antes de sucumbir, les dijo a sus discípulos: «Para resguardar y divulgar estas ilustraciones, me reapareceré de nuevo». Y tal como lo había señalado, pronto brotó el 2do Karmapa, diciéndoles a todos a una época muy prematura que él era el Karmapa. Los karmapas son, por lo tanto, el linaje resurgido más pretérito del budismo tibetano. El linaje que empezó con Dusum Khyenpa se conoce como el linaje Karma Kagyu. «Karma» en el calificativo del linaje proviene de Karmapa. El linaje Karma Kagyu se extendió desde el primer Karmapa, Dusum Khyenpa, a través de sus denominaciones de linaje y las sucesivas resurrecciones de Karmapa, hasta el número 17, que es el Karmapa de hoy.

Karma budismo tibetano

El karma es una concepción recóndita y sutil en el budismo tibetano, y pretendemos decir desde el inicio que solo anhelamos cubrir un punto muy concreto, la representación en que los tibetanos habitualmente perciben la noción del karma. Como muchas concepciones budistas, el karma se nos guía a nosotros como niños más por práctica que a través de textos o saberes religiosos. Como niño, la generalidad de los tibetanos se desalientan de matar insectos: «No mates eso, conseguirás un mal karma». (ver artículo: Budismo y Meditación)

Se nos expresa que no presentemos mal a las personas, por la misma sabiduría. El alcance básico es que si haces algo maléfico, volverá a angustiarte, tal vez no en esta vida, sino en una de tus perennes vidas. No como un fantasma te acosaría, sino más bien como una derivación indiscutible e ineludible de tu acción. Verás que el karma frecuentemente se describe tanto a las labores de uno como a las secuelas de esas labores. Podrías pensar en ello sencillamente como causa y efecto. El karma es tanto la labor inicial como el efecto final, y todo el asunto de causa y efecto en sí mismo.

El karma en el budismo tibetano es uno de los argumentos concentrados afrontados en la filosofía oriental y una parte significativa de su práctica habitual. En el budismo tibetano, el karma es creado por labores físicas, palabras e inclusive pensamientos. No hay noción de karma bueno ni malo, sencillamente es karma.

El budismo tibetano guía que todas las criaturas han emigrado sin poder hacer nada desde períodos sin iniciación bajo la autoridad de la ignorancia y que su falta de perspicacia ha llevado a la ejecución de acciones que han establecido conexiones con la presencia cíclica. Para rasgar este patrón, uno debe reorientar su ideología para coincidir con la realidad. El budismo tibetano se fundamenta en el intelecto humano presente para la garantia de problemas en lugar de una deidad o poder preferente.(Ver artículo: Mahoma)

Karma expresa textualmente «acción», pero se reseña a la acción de una forma completa que contiene tendencias, palabras y acciones. Asimismo, contiene todos los instrumentos de estos desiguales tipos de acción, tanto los efectos contiguos y perceptibles como los efectos a largo plazo e incorpóreos. El karma es la pujanza que enlaza todos los períodos de la vida entre sí y todas las formas entre sí.

En métodos de las propias estimulaciones y ambiciones de una persona, el tema de los efectos kármicos de otros es poco distinguido. La importancia es su conveniente intención. El karma es una idea dependiente, un individuo cuyas potencias son el efecto directo de los movimientos, acciones y frases de uno. Según el budismo tibetano, el Buda instruyó que la vida presente de uno es solo una en una serie de representaciones sin principio, y cada una de ellas está concluyente por las labores de uno en vidas preliminares.

La ideología budista tibetana cree que emergemos de nuevo luego de morir, y consecutivamente, el karma que pretendamos en vidas pasadas se reasenta a nuestra consecutiva. El concepto budista tibetano de karma es análogo a la Tercera Ley del Pensamiento de Newton, que mantiene que por cada acción hay una intransigencia relacionada. Esto se muestra como una ley universal que no ha de ver nada con ideas imprecisas de justicia, distinción o castigo. El karma, sea juicioso de ello o no, se crea perseverantemente.

El budismo tibetano guía que el karma puede poseer reacciones contiguas, o que pueden surgir en seguida en la vida, en una vida futura o en el momento de bardo entre vidas, lo que crea la plataforma para la representación en que tomará la contigua vida. Al percibir la relación de bola y sucesión entre el karma y el individuo, uno puede concebir mejor el budismo tibetano en su agregado. (Ver artículo: Creencias del budismo).

Centro Budista Karma Guen

En Karma Guen, una sede budista adyacente de Málaga, se fundó una amplia biblioteca en la que se colecciona literatura preferentemente tibetana sobre la transferencia de Karma Kagyu. La biblioteca se constituye de textos y libros insólitos sobre re

flexión, filosofía, historia, medicina y astrología, así como unos cuantos temas relacionados. Los organizadores procuran desarrollar unos conocimientos ajustados para los textos tibetanos y hacer que el discernimiento budista esté utilizable internacionalmente para los budistas, intelectuales y científicos. Este plan de la «Asociación Karma Guen» está capitalizado por la Fundación Diamond Way Buddhism.

Hace aproximadamente 900 años, el primer Yogi renacido seriamente del Tíbet, conocido como el  «Entendido de los Tres Tiempos», surgió el gran Karmapa Dusum Khyenpa. Instituyó su sede primordial de actividad en un lugar pretérito en la provincia de Kham, cerca de Chamdo en el Tíbet, y le dio el calificativo de Karma Guen. Su hermosura y poder se concibieron famosos durante siglos y aún se conocen en la actualidad.

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Fue la perspectiva y la consagración del gran 16avo Karmapa Rangjung Rigpe Dorje a través de Lama Ole y Hannah Nydahl, junto con la contemplación y magnificencia de Dorrit y Pedro Gómez, lo que dio comienzo al Karma Guen en España. Hoy en día, este distrito se halla bien acomodado en el mundo occidental, conservando la inmensa diligencia del linaje Karma Kagyu con el 17vo Karmapa Trinley Thaye Dorje.

Como íntegro de las más de 700 sedes budistas de Diamond Way, Karma Guen se ha reconciliado en un lugar donde se congregan amistades de todo el orbe. En los grandes trazados universales de verano se congregan miles de individuos, y durante todo el año el territorio promete cursos más pequeños y retiros de reflexión particulares. (Ver artículo: Budismo en Japón).

Como una ocupación notable dentro de Diamond Way, Karma Guen asimismo organiza varias prontitudes culturales y académicas. Los examinados Cursos de Estudio y el evento de traductores ITAS fueron adheridos por Hannah Nydahl en el año 2003. A estas diligencias se les acoplaron la academia de pintura tibetana Thanka, el plan de neuro-ciencia y Translating the 16 Karmapas.

Karma Guen se ha transformado así en un sitio donde los alumnos de Diamond Way de todo el orbe no solo arriban a meditar, sino además un lugar donde se congregan la práctica budista tibetana, la escuela moderna y la ciencia. En el Thaye Dorje Gompa se logra ver los frescos maravillosos en la sala de meditación cardinal, pintados en el más crudo estilo de arte Karma Gadri por el experto Dawa Lhadripa, son una obra catedrática imperiosa. Junto con el Kalachakra Stupa edificado en 1994 por Lopon Tshechu Rinpoche, estos son notables en el universo occidental.

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