Conoce todo lo que necesitas saber sobre la Liturgia Cristiana

Se puede deducir que el ser humano tiene una especie de hambre y sed espiritual, que sólo un Dios las puede satisfacer. Esto se debe a que el hombre, en su esencia humana, necesita entregarse a algo más grande y poderoso que él. La manera que honran a ese Dios se llama Liturgia. Veamos de qué trata la Liturgia Cristiana.

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¿Qué significa Liturgia?

Si miramos hacia atrás, en toda la historia de la humanidad han existido fenómenos ligados a las religiones, tanto paganas como animistas. Liturgia es la manera como llevan a cabo las ceremonias en una religión específica, es un conjunto de actos que dan forma al culto público y oficial de alguna institución u organización.

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El culto a Dios, con sus actos rituales, constituye una de las primeras actividades humanas, según la Biblia. Casi toda la sociedad practica rituales, con connotaciones religiosas o ceremoniales, por ejemplo, bodas, funerales, bautizos, en fin, momentos importantes de la vida del ser humano, también en forma colectiva. (Ver artículo: Cómo estudiar la Biblia con gozo)

Todo ello conlleva una serie de reglas, en diferentes medidas, según el sitio donde se efectúen dichos ritos, lugares públicos o templos.

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Definiciones de Liturgia

En el mundo griego, “Liturgia” se refería a “servicio público”. El término se adaptó luego para referirse al “servicio cultual” en la iglesia primitiva. El carácter inicial de la práctica cultual no era litúrgico, sino profético, usaban diaconías que atendían las necesidades sociales.

Se puede decir que el culto cristiano es un servicio, un homenaje, ofrenda de adoración y acción de gracias con un triple testimonio, el de honrar a Dios por medio de la adoración, bendecir a la iglesia, con la edificación y testificar al mundo, a través de la proclamación. Es decir, que se puede considerar como un acto comunitario de ofrenda y servicio a Dios de forma voluntaria, como respuesta y agradecimiento a lo que Él hizo por nosotros.

En otros tiempos, la liturgia servía para marcar un territorio propio, demostrar la autoridad y el dominio eclesial. En los libros litúrgicos se recogen las ceremonias litúrgicas de la Iglesia Católica.

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Liturgia cristiana evangélica

Conjunto de recursos simbólico-rituales, que ordenan, expresan y escenifican el mensaje de la salvación, así también sirven para acompañar y complementar la proclamación verbal del evangelio. Los símbolos responden a un problema humano y teológico, en los que se convirtieron nuestras experiencias fundamentales, creando espacios de confianza y salvación. (Ver artículo: Evangelio de San Lucas)

Se considera imprescindible, ya que se comunica con aquellas partes del hombre donde no llegan la razón y la reflexión lógica. Es como un puente entre los dos mundos, entre nosotros y Dios.

Citando a John Maxwell:

«El culto consiste en nuestras palabras y acciones. Es la expresión externa de nuestro homenaje y adoración, cuando estamos reunidos en la presencia de Dios. Estas palabras y acciones están gobernadas por dos cosas: nuestro conocimiento del Dios a quien adoramos, y los recursos humanos que somos capaces de aportar a ese culto. El culto cristiano se diferencia de todos los demás cultos en que se dirige al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo

Vaso en la liturgia cristiana

Cáliz, de la palabra latina “calix”, corresponde a un vaso con forma de copa, muy común en tiempos de Jesucristo. Jesús lo usó en la Última Cena y la tradición continuó hasta propagarse en nuestros días. (ver artículo: ¿Es Jesucristo Dios?)

Tenía gran importancia simbólica, la que San Pablo explicó: “Al beber todos del mismo cáliz, dejamos de ser muchos y nos hacemos uno” (1Co 10, 16). Desde entonces, en la liturgia, ese cáliz es el vaso sagrado que contiene la Sangre de Jesucristo

Su forma ha variado mucho y podía ser de materiales diversos. Antiguamente parecían una taza o ánfora, con copa bastante ancha y profunda, unida al pie con un corto cuello. Había dos tipos de cálices, hasta el año 1000: los ministeriales y los mayores.

Los mayores eran muy pesados y de gran capacidad; eran colocados sobre el altar con el vino consagrado. De allí pasaba el vino a los ministeriales, usados para la comunión de los fieles. Eso cambió sensiblemente, a partir del siglo XIII, cuando el estilo gótico modifica las formas tradicionales, lo mismo ocurrió en el período barroco.

Estos cálices se bendicen para dedicarlos en forma exclusiva al culto, deben estar sobre el altar mientras se celebre la Misa, desde la presentación de las ofrendas hasta después de la comunión. Sólo durante ese lapso, no debe dejarse sobre la mesa en otra circunstancia. (ver artículo: ¿quienes celebran la Misa?)

El material de que estaba hecho era de materiales sólidos, nobles y que no absorbieran el vino que contenían.

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