La historia del Ateísmo o al menos las opiniones que hoy serían registradas como ateístas tiene su comienzo en algunas de las más viejas filosofías justificadas de la antigüedad, el momento védico de la India y la antigua Grecia clásica, pero no brotó como un sistema de afirmaciones abierto y pronunciado hasta a concluyentes de la Ilustración occidental. Indagaremos aquí su progreso histórico hasta su posición presente en el mundo reciente.

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A discrepancia del monoteísmo, el ateísmo no se desarrolló desde un solo sitio. En la India es preliminar al Buda y la Jina y se halla en los Upanishads; en China fue regulado por Confucio, mientras que Lao-tze instituyó una versión desemejante. Mientras que se consiente el ateísmo de Buda y la Jina, con periodicidad, los de Lao-tze se pasan por alto en sigilo, y las instrucciones de los Upanishads se desfilan por alto como panteísmo.

Mucha gente especula que el ateísmo es una idea nueva. Pero la desconfianza religiosa en realidad posee una historia larga y fascinante. Al igual que un discípulo del cristianismo pretendería saber acerca de ciertas cosas significativas que acontecieron hace 2.000 años, alguien que quiere una mejor intuición del ateísmo asimismo precisa saber en qué ha estado el ateísmo durante los últimos 20 siglos.

Historia del Ateísmo

El hinduismo en habitual es una religión muy teísta, pero la escuela Carvaka que se ocasionó en la India en torno a del siglo VI a.C fue posiblemente la escuela de filosofía más abiertamente atea y materialista de la India. Aunque nuestra visión de la filosofía de Carvaka es rudimentaria y no se reflexiona parte de las seis facultades ortodoxas del hinduismo, rechazó manifiestamente la disciplina de los Vedas y negó la generalidad de un dios creacionista o una vida detrás de la muerte. (Ver artículo:  Santa Bárbara bendita)

Otras filosofías indias corrientemente reflexionadas como ateas contienen las escuelas más ortodoxas de samkhya tradicional y Purva Mimamsa del hinduismo. Tanto el jainismo como el budismo asimismo impugnan la idea de un Dios creador particular, aunque consiguen no ser reflexionados claramente ateos.El ateísmo occidental posee sus cepas en la filosofía griega presocrática, en específico en los ideólogos milesios del siglo VI a.C: Thales, Anaximandro y Anaxenes. Fueron los iniciales en refutar las definiciones mitológicas de las razonadas y naturalistas, e implantaron la idea entonces insurrecta de que la naturaleza podía concebirse como un sistema íntegro: los orígenes elementales de la ciencia.

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El siglo V a.C el filósofo griego, Diágoras de Melos, a veces se conoce como el “primer ateo”, y reprochó duramente la devoción y el misticismo. Critias, un estadista ateniense y tío de Platón, advertía a la religión como una fantasía humana usada para espantar a las personas para que persiguieran el orden moral. Filósofos atomistas en el siglo V a.C, como Leucipo y Demócrito, pretendieron exponer el mundo de una manera meramente materialista, sin hacer reseña a lo espiritual o lo místico.

Demócrito expuso concretamente que los átomos inseparables que él creía componían todo en el universo habían coexistido para siempre, de manera que la tierra nunca había sido establecida por ningún Dios o dios. Un siglo después, Epicuro fue el inicial en exhibir el problema del mal, y arguyó claramente contra la existencia de la vida luego de la muerte. No obstante, el ateísmo en el mundo arcaico no siempre fue un camino factible. Anaxágoras fue condenado de Atenas por ser ateo. Sócrates fue consumado a fines del siglo V a. C. por irreverencia por infundir el interrogante de los dioses del estado griego. Pero el tema perpetuó apelando en desiguales formas.

La acreditada escuela del escepticismo, instituida por Pyrrho en el siglo IV a.C, desarraigaba aseveraciones de verdad, ya que es improbable saber cuál de las numerosas opiniones en compromiso es correcta. En el siglo IV y III aC, Epicuro contendió diversas doctrinas religiosas, contenida la presencia de una vida futura o una deidad particular y, aunque no apartó la existencia de los dioses, creía que, si coexistían, no tenían ninguna ansiedad con la humanidad. Otros filósofos griegos que posiblemente tenían puntos de vista ateos contienen a los sofistas Pródicus y Protágoras en el siglo V a.C, y Teodoro el ateo y Strato de Lampsaco en los siglos 4 y 3 a.C. (Ver artículo: Santa Valeria)

El poeta y pensador romano Lucrecio, que era un seguidor de Epicuro, arguyó en el siglo I a.C que, si había dioses, no estaban inquietados por la humanidad y no lograban conmover al mundo natural, y insinuaron que la humanidad no debería temer lo asombroso. En el siglo I d.C, el prestigioso escéptico Sextus Empiricus arguyó que uno debería maravillar el juicio sobre usualmente todas las afirmaciones.

El significado de ateo cambió a lo largo de la prehistoria clásica. Los cristianos arcaicos fueron considerados como ateos por los no cristianos íntegros a su desconfianza en los dioses romanos paganos. Luego, cuando el cristianismo se reconcilió en la religión gubernativa de Roma bajo el soberano Teodosio en 381 d.C, la posición se alteró y la herejía se convirtió en un delito indigno.

La Edad Media y la Edad Media temprana

En la Edad Media y la Edad Media tempranas, la intervención abierta de los puntos de vista ateos era anómala en Europa, y el ateísmo era una disciplina poco común, inclusive peligrosa, de mantener. La acusación de ateísmo se utilizaba normalmente como forma de embestir a los enemigos políticos o devotos de uno, y las consecuencias eran graves. No obstante, indiscutibles puntos de vista heterodoxos fueron mostrados por teólogos particulares como Johannes Scotus Eriugena, David de Dinant, Amalric de Bena y William de Ockham, y por conjuntos como los Hermanos del Espíritu Libre, y diferentes escritores indican que no hubo pocos que negaron la existencia de Dios.

Durante la mayor porción de la Edad Media, la religión era tan infinitamente despótica que ni siquiera se creía viable que alguien consiguiera negar la existencia de Dios. Los puntos de vista heterodoxos eran equivalentemente raros en el mundo musulmán medieval, aunque el docto del siglo IX Ibn al-Rawandi llegó inclusive a criticar la generalidad de profecía religiosa, inclusive la de Mohammed, y mantuvo que los dogmas religiosos no eran admisibles y debe ser impugnado.

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El Renacimiento occidental de los siglos XV a XVII asistió mucho a extender el alcance del pensamiento libre y la investigación desconfiada, aunque las burlas al establecimiento religioso como las de Nicolas Maquiavelo, Leonardo da Vinci, Bonaventure des Périers y François Rabelais no fueron capaces al ateísmo real. A disposición que los develamientos científicos de Copérnico y Galileo se formaron cada vez más admitidos, el lugar predilecto y ocupado por el hombre en el universo se entendía cada vez menos comprensible. (Ver artículo: que significa la misericordia)

Pensadores liberales como Giordano Bruno, Lucilio Vanini y Galileo Galilei, combatiendo valientemente contra todo presagio, fueron salvajemente acosados por la vigorosa Iglesia Católica de su tiempo. Entre los confeccionados frecuentemente después del martirio, por el crimen de ateísmo existían Étienne Dolet en 1546, Lucilio Vanini en 1619. Con las luchas ocultas religiosas durante la Reforma protestante en el siglo XVI, prosperó la disidencia de todo tipo, y ciertas sectas como los anabaptistas, unitarios y deístas, desplegaron variedades mucho más humanistas y menos proverbialmente religiosas.

Las críticas al cristianismo se formaron cada vez más curses en los siglos XVII y XVIII, regidas por pensadores autónomos como Thomas Hobbes, Baruch Spinoza y David Hume. El número de impugnaciones apartadas al ateísmo durante este período certifica la creciente prevalencia de las perspectivas ateas, y ciertas de los apologistas más antitaístas inclusive pretenden negar la existencia misma del movimiento que pretendieron aplastar. La Ley de Blasfemia británica de 1677 mencionó concretamente el ateísmo y le asignó la sentencia de muerte.

Jean Meslier

El primer ateo acreditado que negó claramente y abiertamente la presencia de los dioses fue el sacerdote francés Jean Meslier, cuyos puntos de vista fundamentales solo fueron presentados después de su defunción en 1729. El médico y pensador francés Julien Offray de La Mettrie cifró su obra pasmosamente audaz en “Man A Machine”, fundada en principios consistentemente prosaicos y casi ateos, en 1748.

Estos iniciales pioneros fueron seguidos durante la Ilustración por otros intelectuales claramente ateos, especialmente el rico e influyente Baron d’Holbach, cuyo compromiso de 1770 “El Sistema de la Naturaleza” fue el primer trabajo ateo notorio para ganar circulación demostrativa, el libro, a veces citado la Biblia de los ateos, fue ilegal e inclusive quemado notoriamente. Entre “La Coterie Holbachique” que se congregó en el salón de d’Holbach se hallaban su principal participante Jacques-André Naigeon y sus coterráneos franceses Denis Diderot y Voltaire, dos de los filósofos más recalcados de la Ilustración, ambos imputados ​​de ateísmo y encarcelados momentáneamente, como así como los liberales intelectuales británicos como David Hume, Adam Smith y Edward Gibbon.  (Ver artículo: frases de confianza en Dios)

Estas disputas sobre el ateísmo, no obstante, se limitaron en gran mesura a la sociedad francesa de salones de la élite instruida y aristocrática. La revuelta francesa precisó al ateísmo para llegar a la esfera oficial en Francia, y en su auge hubo violencia anticlerical y la separación de diversos órganos del clero del país. Algunos de los ateos más participantes pretendieron despristianizar a Francia por la fuerza, aunque esto dio lugar a una obstrucción equivalentemente violenta y al final posterior del citado Reinado del Terror.

Cuando la Ilustración se aproximaba, el ateísmo era claramente popular entre los ilustrados. A partir de la década de 1700 en delante, la historia promete una serie de libros, políticos, tendencias e individuos ateos. Estaba el grupo que subrayó la primera Enciclopedia, regida por Denis Diderot. Jean D’Alembert, uno de los fundadores de Positivismo, Baron d’Holbach, el Marqués de Sade que en 1782 subrayó un libro ateo, el practicante Matthew Turner (otro libro, en 1782).

Unos fueron encerrados por blasfemia debido a su ateísmo, pero a partir de este instante en gran parte ha sido seguro aclamarse a sí mismo un ateo, y las primordiales ciencias han florecido desde entonces. Los críticos asimismo florecieron. Voltaire en 1764 subrayó en contra del ateísmo, frecuentemente diciendo cosas como “los ateos dicen”, y es claro que los riñes entre teístas y ateos eran frecuentes.

En la década de 1770, el pensador francés Paul-Henri Thiry observó una insuficiencia de mujeres ateas. El poeta inglés Edward Young escribió para puntear de forma satírica el apocalipsis material: “Los ateos han sido anómalos, desde el nacimiento de la naturaleza”. En una carta rasgueada en la década de 1760, el ensayista inglés Bonnell Thornton subrayó: “¡Dios mío! ¡Una mujer atea!, de sus convenientes hijos, de ella misma”. En 1813, el sobresaliente doctor Thomas Cogan conquistador de la Royal Humane Society expuso: “Los hombres observan a una mujer atea con más desazón y horror que si ella tuviera los rasgos más duros tallados con carbuncos”.

A estrenos del siglo XVIII, la desconfianza se estaba amontonando en Europa. Los documentos secretos que afrontan la creencia religiosa habían estado transitando durante 50 años, solo un paso por delante de los examinadores. Los feligreses franceses que inspeccionaron los documentos de su clérigo católico que murió en 1729 hallaron copias de un libro, escrito por el clérigo para ellos, y que exponían cuánto condenaba y no creía la religión que les había ilustrado durante 40 años. (Ver artículo: San Antonio Abad)

A finales de siglo, los pensadores en Francia, Alemania e Inglaterra estaban afrontando claramente el poder y las doctrinas religiosas y estableciendo nociones actuales de derechos humanos y libertad individual. Todo predominó, para bien o para mal, en la Revuelta Francesa, cuando un breve coqueteo con un estado ateo fue continuado por el Culto del Ser Supremo y el Reino del Terror, instante en el que el ateísmo retornó a la ocultación por un instante. Durante los siglos 18 y 19, la investigación académica empezó a socavar las familiaridades literales de la religión y proyectar dudas sobre la presencia de Dios como un ser prodigioso apartado.

En 1779, el teólogo indignado alemán JG Eichhorn insinuó que las historias en el Libro de Génesis no eran tradición real, sino mitos como las narras de la mitología griega y romana, y propuso en contra de leerlas como si existieran la verdadera palabra de Dios. Un análisis retórico más delicado del texto de la Biblia empezó a arrojar cada vez más dudas sobre su estado como un instrumento histórico confiado. El nuevo estudio de antropología asimismo empezó a revelar que había una gran semejanza entre los rituales y las historias de diversas devociones, inclusive las religiones tribales.

Posiblemente la primera dicción trascendental de las ideas ateas transmitidas en el idioma inglés fue “La necesidad de ateísmo”, una faena del poeta romántico Percy Bysshe Shelley transmitida en 1811, aunque el químico Matthew Turner había divulgado un folleto que protegía el ateísmo, ya en 1782. El definido intelectual inglés Thomas Paine, en privativo a pesar de sus tratados el “Sentido común”, “La edad de la razón” y “Los derechos del hombre”, presentó de abrir la pregunta de la religión fundada entre la gente habitual de Gran Bretaña, América y Francia, al similar que Richard Carlile y Jeremey Bentham.

Su causa fue socorrida de alguna forma por los progresos del siglo XIX en geología y paleontología, que trastornaron la tradición de la creación bíblica. El “Origen de las especies” de Charles Darwin, divulgado en 1859, desmejoró aún más el colegio teológico y social, desechando de la idea del diseño eterno, y quizás estampando la primera vez que una idea indiscutible había subvertido manifiestamente uno de los principales testimonios a favor de Dios.

A pesar de las precisas leyes contra la maldición en la Gran Bretaña del siglo XIX, hubo una seria operación contra las iglesias por parte del pensamiento secularista, fundamentalmente regida a la Iglesia de Inglaterra, hondamente privilegiada. George Holyoake fue la postrema persona en Inglaterra en ser encerrada por ser ateo, en 1842. El destacado y simpático ateo victoriano victoriano Charles Bradlaugh fue designado para el Parlamento en 1880, pero no se le consintió conquistar su asiento porque no prometería a los religiosos habituales. Juramento, prefiriendo “afirmar” en su término. No obstante, fue reelegido diversas veces a lo largo de cinco años, y posteriormente ocupó su sillón en 1886 como el primer miembro claramente ateo del Parlamento en Gran Bretaña. (Ver artículo: novena a San Roque)

Luego de la profanidad de la sociedad francesa durante la época napoleónica, muchos ateos y otros intelectuales antirreligiosos del siglo XIX consagraron sus arrestos a la revolución política y social, proporcionando los trastornos de 1848, el Risorgimento en Italia y el desarrollo de un socialista internacional. En la segunda mitad del siglo XIX, el ateísmo recogió protuberancia bajo la influencia de los intelectuales alemanes racionalistas y filósofos de la época, incluidos Ludwig Feuerbach, Arthur Schopenhauer, Karl Marx y Friedrich Nietzsche, quienes dificultaron claramente la existencia de omnipotencias y crítico de la religión.

A finales del siglo XIX, Nietzsche se osó a anunciar concluyentemente que Dios había muerto y que la humanidad lo había matado. La idea de que Dios verdaderamente no existió nunca voló por completo, inclusive cuando alguien como Napoleón lo obstruyó por un tiempo. Siempre estaba hirviendo bajo la superficie y casualmente salía embalado hacia un lado a través de alguien que meramente no podía conservarse en silencio.

El poeta Percy Shelley manifestó ser una de esas personas y fue destituido de Oxford en 1811 por enunciar una opinión atea. Luego, las iniciales feministas de Inglaterra y Estados Unidos dejaron en claro que reflexionaban que la religión era un impedimento en el camino de los derechos de las mujeres. La ciencia verdaderamente puso el viento en las ceras del ateísmo en el siglo XIX. Al prestar mucha vigilancia al mundo natural, Darwin pasó de ser un secretario en alineación a un agnóstico y solucionó el problema de complejidad que frenaba que varias personas dejaran a Dios. (Ver artículo:  con quien se casó Moisés)

En el siglo XX, el movimiento ateo encontró afirmación en una extensa diversidad de otras filosofías más extensas, como el existencialismo, el objetivismo, el humanismo profano, el nihilismo, el realismo lógico, el marxismo, el feminismo y el pensamiento científico y racionalista en frecuente. Los defensores como Bertrand Russell impugnaron enfáticamente la creencia en Dios; Ludwig Wittgenstein y AJ Ayer, en sus desiguales maneras, aseveraron la no verificabilidad y la falta de considerado de las afirmaciones religiosas; JN Findlay y JJC Smart arguyeron que la presencia de Dios no es evidentemente forzosa; Los naturalistas y los monistas prosaicas como John Dewey reflexionaban que el mundo natural era la basa de todo, negando la presencia de Dios o la inmortalidad.

El siglo XX asimismo vio el avance político del ateísmo, promovido por la elucidación de las obras de Marx y Engels. A raíz de la revuelta rusa, la Rusia soviética se reconcilió en el primer estado ateo ostensible en el mundo. Después, las políticas del estalinismo se retornaron hacia la represión de la religión, frecuentemente por medios violentos, y la obstrucción a la religión fundada se hizo política en todos los estados marxistas, contenida la República Popular China, Mongolia y Cuba. En 1967, el gobierno albanés bajo Enver Hoxha informó el cierre de todas las fundaciones religiosas en el país y expresó a Albania como el primer estado públicamente ateo del universo.

En 1970, las 22 naciones de Europa central y oriental que vivían detrás de la Cortina de Hierro eran ciertamente ateas. En el mundo de hoy es difícil trazar límites entre el ateísmo, las afirmaciones no religiosas y las creencias religiosas y subjetivos no teístas, y la elegancia entre el ateísmo y el agnosticismo en varios estudios frecuentemente es confusa y poco confiada. Conjuntamente, en ciertas regiones, los ateos pueden no presentarse como tales para impedir tolerar estigmas sociales, distinción e inclusive persecución. (Ver artículo: oración a San Marcos de León)

No obstante, las estimaciones absolutas mundiales para el ateísmo, como distinción religiosa primaria, se reforman de 200 a 240 millones, con un total de “no religiosos” y hasta dos o tres veces más. China, Japón, Rusia, Vietnam, Francia y Alemania se hallan entre los países con el mayor número incondicional de ateos, agnósticos o no religiosos. Un estudio de 2001 de la Encyclopedia Britannica archivó al 2,5% de la urbe mundial como ateos y al 12,7% como no devoto, una encuesta análoga cinco años antes mostró que cerca del 14,7% de la población mundial no era religiosa, de los cuales el auto los ateos admitidos disponían alrededor del 3.8%.

Una información de la BBC consumada en 2004 en diez países expuso un promedio próximo al 17% que “no cree en Dios”, variando entre el 0% en Nigeria y el 39% en el Reino Unido, y cerca del 8% de los encuestados expresan específicamente que reflexionan ellos mismos para ser ateos. Una indagación de Ipsos de 2005 reveló que Francia es el más desconfiado de los países encuestados, con un 19% que atestigua ser ateo y un 16% agnóstico. En una encuesta ejecutada por Financial Times en 2006, el 32% de los encuestados franceses se enunciaron ateos, mientras que un 32% añadido se declaró agnóstico.

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Aunque los ateos son una inferioridad en la generalidad de los países, son respectivamente comunes en Europa, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Argentina y Uruguay, en los estados marxistas anteriores y presentes, y, en menor medida, en los Estados Unidos. Diferentes estudios han enfrentado que Suecia es uno de los países más ateos del orbe, con un 85% de los cuales expresan ser ateos, agnósticos o no creyentes, alcanzados por otros países escandinavos, del norte de Europa y del sudeste asiático.

El consentimiento general es que el número de personas no asociadas a ninguna religión en privativo ha aumentado en los últimos años. Por ejemplo, los testimonios del censo de Canadá, una nación moderna e industrial con una localidad inmigrante grande y reformada, enseñan que aquellos que aseveran no tener religión se acrecentaron a 24% en 2011, en paralelo con 17% en 2001, 13% en 1991 y 7 % en 1981, y que la proporción es mucho mayor entre la población surgida en Canadá, en comparación con la población inmigrada.

Además, de los que solicitaron una religión, casi el 30% no había concurrido a ningún servicio religioso durante el año preliminar. Limpiamente, la mayor parte de la demarcación católica de Quebec, que expuso el mayor nivel de inscripción religiosa en el país, fue abrumadoramente la demarcación que inculpó la menor categoría de la religión a la vida. Inclusive en los Estados Unidos corrientemente religiosos. Un estudio ejecutado en 1996 para la revista “Nature” dio una proporción del 60.7% de los científicos que formularon “incredulidad o duda sobre la coexistencia de Dios”, determinado como un Dios personal que interactúa claramente con los seres humanos.  (Ver artículo:  San Judas Tadeo)

Según un tratado de 1998, un 93% de los segmentos de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos no creen en un Dios personal y una proporción aún mayor de segmentos de la Royal Society semejante del Reino Unido. Entre los diferentes cientos de recompensados con el Premio Nobel en ciencias en los últimos cien años, el dígito de creyentes religiosos sigue siendo de un solo número. El ateísmo tampoco certifica una buena conducta más que la religión, y “el poder absoluto pervierte definitivamente” se convierte en una frase trágicamente descifrada en el siglo XX.

Hay diversos ejemplos de descomposición e inmoralidad en perspectivas de poder no controlado, tanto por ateos como Mao Zedong en China, Joseph Stalin en la URSS y Pol Pot en Camboya, como por teístas como Adolf Hitler en Alemania, Francisco Franco en España, e Idi Amin en Uganda. Pero asimismo hay clementes noticias, comprendido el crecimiento del humanismo como un pensamiento y victorias en la corte para la apartamiento de la iglesia y el estado, algo que favorece tanto a la iglesia como al estado. El siglo XX asimismo vio uno de los progresos más fascinadores en la historia de la religión cuando se constituyeron y prosperaron dos religiones voluntarias por Dios: el universalismo seccional y el judaísmo erudito. (Ver artículo: cómo enseñar la Palabra de Dios a los niños)