Monasterio de San Andrés de Arroyo, una abadía de monjas Cistercienses

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En esta oportunidad se hablará sobre el Monasterio de San Andrés de Arroyo, un emblemático escenario arquitectónico ubicado en la ciudad de Palencia, España. Déjate llevar por este fascinante contenido y aprende sobre su historia, fundadores y detalles reveladores.

Monasterio de San Andrés de Arroyo

Historia del Monasterio de San Andrés de Arroyo 

Conocer la historia del Monasterio de San Andrés de Arroyo nos lleva a 1181, donde la condesa Mencía López de Haro, niña del señor de Vizcaya Lope Díaz I de Haro, viuda del conde Álvaro Pérez de Lara, 1 estableció este claustro para las monjas cistercienses, personaje que se ha mantenido hasta ahora, en un paraje apartado y fastuoso en el valle de Ojeda.

El conjuro de San Andrés proviene de una leyenda del barrio sobre la inexplicable revelación de un cuadro de piedra del misionero en el lecho del arroyo que corre cerca de la comunidad religiosa.

En esta línea, se trabajó un conjunto de estructuras bajo la dirección y autoridad del convento burgalés de Las Huelgas Reales, casa que siempre fue la organización matriz de este Monasterio de San Andrés de Arroyo.

La abadesa de San Andrés tenía ámbito común y criminal a más de unos pueblos envolventes, haciéndose pasar como «Mujer del patíbulo y la espada» en el conjunto de ellos. Como muestra de estas atribuciones, se guarda una mirada de equidad con un seguimiento básico sin embargo que es una imagen al paso del área vallada.

La trascendencia e impacto del claustro en la zona fue extraordinario. De esta manera, se tiende a ver que los rótulos de los canteros que allí se asoman numerosas capillas rústicas cercanas en las que, además, se difunde la preferencia por el diseño no iconográfico común del estilo cisterciense.

El resto de la comunidad religiosa ha pasado por incalculables ajustes y expansiones, bastante fructíferas. El 3 de junio de 1931 se anunció Monumento Histórico-Artístico Nacional, lo que permitió años después del hecho, en 1958.

Orígenes 

El nacimiento del Monasterio de San Andrés de Arroyo debe buscarse en el deseo de Mencía de Lara, un individuo de una honorable familia castellana. La documentación más arraigada de la comunidad religiosa es un regalo de Alfonso VIII a Mencía, del año 1181.

Donde parece ser que la casa estaba en ese momento en actividad por entonces y el creador era esencial para el área local, tal vez con el título de Abadesa. La donación del lugar donde se instaló el claustro fue seguida por una sucesión de diferentes donaciones de mercancías y derechos.

Monasterio de San Andrés de Arroyo

Poco después (1181), el propio Alfonso VIII instaló el claustro de Las Huelgas, en Burgos, y puso a esta comunidad religiosa de San Andrés en un lugar sometido a él, que el señor necesitaba para tener una pertinencia única. La iglesia religiosa fue bendecida en 1222.

La toma de 1835 no influyó en extremo en esta zona y la entrega del lugar por parte de las monjas fue excepcionalmente breve. De San Andrés de Arroyo llega un brillante Beato, actualmente protegido en la Bibliothèque Nationale de France, París.

Gracias a donaciones

El claustro de San Andrés fue establecido por la Condesa Doña Mencía, La comitissa et abbatissa donna Mencie (Condesa y Abadesa Doña Mencía) era la niña de Lope Díaz I de Haro, Señor de Vizcaya y Alférez del Rey, y su posterior esposa, Aldonza Ruiz de Castro.

Doña Mencía fue concebida hacia 1155 y contrajo matrimonio con el conde Álvaro Pérez de Lara, fallecido en 1173, lo que impulsó a la joven viuda a iniciar la instalación de un claustro cisterciense, en el que mantuvo la situación de abadesa hasta su fallecimiento. en 1228 o 1229.

Dama de extraordinaria elección y conocimiento, se dio cuenta de cómo reforzar su posición y la de su establecimiento en el sistema de enfrentamientos entre los Lara y los Haro, utilizando su genealogía de sangre y su unión para intentar no dejarse influir por los respetables enfrentamientos. en Castilla.

Consagración de la iglesia

Doña Mencia, testamentaria de Alfonso VIII, tuvo la opción de establecerse hacia el año 1181, ya que en este año recibe abundantes regalos y acude al Capítulo de la Orden que se celebra en Las Huelgas de Burgos como abadesa.

Alfonso VIII concedió a la condesa Doña Mencía y a la comunidad religiosa de San Andrés de Arroyo, el 23 de abril de 1181, a cambio de los 2.000 brillantes que le había prestado, la congregación de San Millán, situada entre Grijalva y Villasandino, no obstante, un montículo cerca del río Yodra. Siendo igualmente del año exacto.

Monasterio de San Andrés de Arroyo

Pero sin fecha otro informe, este particular, por el que María Antolinez al entrar al claustro referenciado, con su pequeña, que no especifica el nombre, cede todos sus bienes a la congregación de San Andrés de Arroyo y su abadesa Doña Mencía. , al igual que las monjas presentes y futuras.

Se desconoce en realidad la procedencia de la principal comarca devota: quizá procedía de Perales, quizá de la comunidad religiosa Amaya, cedida por Alfonso VIII a Doña Mencía en 1173, o quizá de Cañas, claustro riojano establecido por la Real Dama.

La congregación fue bendecida en 1222, como se desprende del grabado oscurecido de la fachada norte del vestíbulo de los firmes. Simultáneamente se fue ensamblando la comunidad religiosa colindante de Aguilar y el desarrollador experto que participó en ella de 1213 a 1226 y de nombre Ricardo, probablemente afectó al Monasterio de San Andrés de Arroyo.

Fases constructivas

La acción urbanística en el Monasterio de San Andrés de Arroyo tuvo dos etapas primarias: la primera, entre los siglos XII y XIII, cuando se fabricó la congregación, el albergue y sus condiciones conexas, y la segunda, en la Edad Moderna, cuando se mejoró la capilla y los patios auxiliares y se levantaron las estructuras que cerca de los religiosos salvan.

Durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna este claustro tuvo un increíble logro monetario y poder regional, y ni la Desamortización de Mendizábal ni la Guerra Civil hicieron que la comarca lo abandonara, manteniéndose vivo hoy, después de unos 850 años de progresión, en el sistema. de la Congregación de Castilla.

Esto nos permite comprender la estructura y su escenario como consecuencia material de un montón de auténticos encuentros con un profundo sentido estricto. La estructura fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1931 y ahora se encuentra en la categoría de Bien de Interés Cultural.

Asimismo, debemos entender que, desde siempre, las redes devotas han buscado constantemente una nueva visita de comienzos profundos para llegar a Dios. En consecuencia, el cisterciense fue concebido como un cambio de la Orden cluniacense, retomando la Regla de San Benito en su estado subyacente.

Los originadores fueron, en 1098, San Roberto de Molesmes, San Alberico y San Esteban, y esta nueva solicitud fue adelantada por San Bernardo de Claraval. Poco después surgió una rama femenina, que llegó a la Península en 1157 con la creación del claustro navarro de Tulebras.

Monasterio de San Andrés de Arroyo

Arquitectura del Monasterio de San Andrés de Arroyo 

La principal noticia narrativa que tenemos sobre el establecimiento del Monasterio de San Andrés de Arroyo es una ventaja de Alfonso VIII, el 23 de abril de 1181, por la que retribuyó a la condesa Doña Mencía de Lara -quien a día de hoy se registra como abadesa-de los 2.000 de oro que le debía, entregándole la congregación de San Millán, cercana a Villasandino.

El gobernante siguió ampliando el patrimonio de la comunidad religiosa con diversos dones, lo que afirma que San Andrés del Arroyo, por si acaso no es un asentamiento ilustre como Las Huelgas, en todo caso obtuvo ventajas extraordinarias de Alfonso VIII. La comunidad religiosa de San Andrés es una pequeña imitación de la de Las Huelgas.

Al igual que en el monasterio de Burgos, el acceso principal a la congregación es por un lado, como era habitual en las comunidades religiosas femeninas. Un patio horizontal se extiende a lo largo del divisor norte, similar al de los Caballeros, enmarcado por una progresión de curvas crecientes. La congregación, a la cabeza, es un duplicado de Las Huelgas.

Se compone de un santuario focal poligonal, precedido por una zona recta; flanqueándolo, dos iglesias de planta cuadrada, una especie de cabecera utilizada en diferentes modelos, como veremos. El desarrollo llega al crucero, dejando incompleta la tarea única concebible. El orden es la pieza más maravillosa del claustro.

Desde la sala capitular

En él se pueden apreciar las estabilidades románicas, con sus capiteles vegetales que recuerdan a los de las Claustrillas u otros del territorio palentino, por ejemplo, los de Aguilar de Campóo. Entre las salas de grupo destaca la casa parcial, donde se nota el impacto de la ingeniería burgalesa.

Cubierto con una fina bóveda de octopartita que la acerca, más que otros claustros, a los entramados utilizados en Las Huelgas o Cañas. Por todos los significados que Arroyo tiene con Las Huelgas, podemos aceptar que se trata de plantas fabriles contemporáneas, cuyas obras se van completando a lo largo del tiempo un cuarto del siglo XIII.

Por otra parte, dado el seguro regio de las dos comunidades religiosas, no nos sorprendería que algunos expertos de Las Huelgas intercedieran aquí en San Andrés, ya que tanto el patio como la congregación o casa repiten diseños similares, pero además los temas de fantasía.

Las incautaciones del siglo XIX llevarían al Monasterio de San Andrés de Arroyo a destruir, pero en 1931 el complejo sería proclamado Monumento Histórico-Artístico, lo que permitió a la Dirección General de Bellas Artes en 1958 realizar una importante labor terapéutica.

Iglesia 

El grupo de monjas en el Monasterio de San Andrés de Arroyo, que tiene un lugar con la Orden Cisterciense de San Bernardo o de Castilla, de la que es una de las más importantes de España, construye un arte culinario de té, productos horneados, hojaldres y otras tortas que los invitados. puede adquirir.

El Monasterio de San Andrés de Arroyo también ofrece una administración mixta de posadas, con espacios extremadamente restringidos. Al claustro se accede por una placita o brújula, rodeada por las antiguas casas donde vivían los pioneros y laicos obreros de las monjas.

El paso a este espacio se realiza mediante una enorme curva puntiaguda, con una delgada torre colindante, a cuyos pies se sitúa el tramo del movimiento jurisdiccional. Hay tres piezas de la comunidad religiosa que se pueden visitar, el resto relacionado con los apartados cuartos de las monjas: la congregación, el albergue y la casa de sección.

La congregación, bendecida en 1222, se accede por su lado norte a través de un pórtico con cuatro curvas puntiagudas que guardan bastante bien su formato exterior. No todo eso el interior, que se cambia en ocasiones contemporáneas.

En él hay capiteles en estado excepcionalmente desamparados, el comienzo de la bóveda tosca, cuatro lugares de enterramiento arcaicos, dos de ellos divididos, lisos y lisos, de los cuales dos descansan sobre leones con lauda de dos lados.

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Un acceso posterior

La entrada de acceso exterior del Monasterio de San Andrés de Arroyo es una hermosa ilustración de una entrada del románico tardío, con los componentes de arquivolta estándar, baquetones, capiteles de hojas de acanto y molduras embellecidas en la parte superior, y de nuevo, las curvas son ahora puntiagudas, informando el gótico.

Se trata de un santuario con planta de cruz latina dentro del Monasterio de San Andrés de Arroyo, de nave solitaria de cinco tramos, crucero y triple ábside. El ábside focal es heptagonal y sus vanos octogonales con ventanas restringidas extendidas y erupcionadas, con curvas en media luna que desembocan en arquivoltas y baquetones, y con backspots marginalmente apuntados.

Los nervios de la bóveda están sostenidos por tramos que parten del principio. Los dos ábsides laterales son cuadrados y en abanico, además de bóveda de crucería. En las tres iglesias se guardan las creencias presbiteriales conformadas por curvas de semicírculo con secciones de desprendimiento y capiteles.

En el brazo derecho del crucero hay una entrada con una curva pronunciada con arquivoltas, pero contrarrestada por un ataúd de piedra de mediana edad como los del paso a la congregación, y bóvedas de crucería. Los respaldos son enormes columnas caleidoscópicas con secciones unidas.

Hay tres cuadros en la Capilla Mayor: La Asunción de la Virgen María, y en sus flancos San Benito y San Bernardo, separadamente el creador de la Orden Benedictina y el anunciante fundamental de la Orden Cisterciense, separado de la anterior.

Claustro 

La joya del Monasterio de San Andrés de Arroyo es el grupo con curvas suavemente puntiagudas sobre delgados segmentos combinados y capiteles finamente trabajados con temas vegetales en tres de los cuatro pantanos, algunos de los cuales albergan cogollos o bolas. Estilosamente se identifica evidentemente con las Claustrillas de las Huelgas de Burgos.

Las pantallas norte y sur se componen de dieciséis arcadas, mientras que el oeste tiene diecinueve. La recta oriental fue modificada en el siglo XVI en estilo gótico tardío, con bóvedas de crucería para ayudar a la pesadez de una exhibición superior.

Destacan los segmentos de esquina más gruesos y especiales, con ejes abundantemente embellecidos y capiteles de filigrana que ahora están fuera de los estándares más rigurosos del estilo cisterciense.

En concreto, uno de ellos, con un fuste cortado que dibuja rayas entrecruzadas y flores de seis pétalos, y con un capitel de tallos calados prácticamente perceptible por todas partes, de increíble virtuosismo. En el punto focal del patio hay un manantial traído por el rey Pedro I de Castilla a la localidad palentina de Astudillo.

Sala capitular

Abierta hacia la recta oriental del grupo, es una plaza viva con una bóveda de crucería alucinante en el Monasterio de San Andrés de Arroyo. Su entrada desde la orden tiene, no obstante, la entrada, cuatro ventanales sostenidos por ágiles tramos con grandes capiteles de hojas onduladas.

Contiene dos cofres de piedra iluminados con fervientes temas: uno, el de la autora, condesa Mencía, primera abadesa de la comunidad religiosa, y el otro, el de la condesa María Díaz de Haro, sobrina del organizador y segunda abadesa, las dos nobles de Lara por sus relaciones separadas.

En el punto focal del divisor hay un cuadro románico en piedra de San Andrés, probablemente aquel cuya revelación motivó el establecimiento de la comunidad religiosa. El claustro poseyó una vez un Beato de Liébana, hecho hacia principios del siglo XIII, que hoy se conserva en la Bibliothèque Nationale de France.

Orden cisterciense

La petición cisterciense (latín: Ordo Cisterciensis, O. Cist.), También conocida como petición cisterciense o incluso petición del santo cisterciense (Sacer Ordo Cisterciensis, SOC), es una petición ascética católica reformada. Su estandarte es el de San Benito, que buscan seguir con atención.

Orígenes 

Fueron traídos al mundo en 1098 como respuesta a la relajación que pensaban que tendría la Orden benedictina de Cluny (desde 910), necesitando volver a la primera alma de la Orden de San Benito (desde 529). Su punto de partida se remonta a la fundación de la Abadía de Císter por Roberto de Molesmes

El campo base de la Orden del Císter y se encuentra donde comenzó la antigua ciudad romana del Cistercium, cerca de Dijon, Francia, en la comunidad de Saint-Nicolas-lès – Císter, en la rama de Côte-d’Or en el área de Borgoña. .

Este convento fue llamado Novum Monasterium por Robert de Molesmes para separarlo del claustro de Molesmes, de donde procedía. La petición cisterciense asumió un papel principal en la estricta historia del siglo XII y parte del Monasterio de San Andrés de Arroyo.

Su impacto fue especialmente significativo en el este del Elba donde la petición «progresó simultáneamente el cristianismo, la civilización y el avance de la tierra». Como una reconstrucción del estandarte benedictino animado por el cambio gregoriano, la petición cisterciense avanza en la austeridad.

La minuciosidad ceremonial que da importancia al trabajo manual. A pesar de la capacidad social que mantuvo hasta la Revolución Francesa, la solicitud tuvo un impacto significativo en los círculos académicos o monetarios, al igual que en el círculo de las expresiones humanas y el ultramundo.

Un caballero

Debe su amplia mejora a Bernardo de Clairvaux (1090-1153), un hombre de carácter y magnetismo poco comunes. Su impacto y su propia gloria hicieron que se convirtiera en el principal cisterciense del siglo XII, a la luz de que, aunque no el originador, sigue siendo hoy el profundo conocedor de la orden dentro del Monasterio de San Andrés de Arroyo.

En nuestros días, la petición cisterciense se compone de dos órdenes distintas. La solicitud de la «Observancia básica» tuvo en 1988 más de 1.300 sacerdotes y 1.500 monjas, apropiados individualmente en 62 y 64 comunidades religiosas.

La Orden Cisterciense de Estricta Observancia, también llamada OCSO, contiene hoy alrededor de 2000 sacerdotes y 1700 monjas, generalmente llamadas trapenses ya que provienen del cambio de la Abadía de La Trappe, divididas en 106 comunidades religiosas masculinas y 76 femeninas.

Los dos arreglos cistercienses mantienen en la actualidad lazos colectivos entre ellos. Su propensión es una túnica blanca y un escapulario oscuro, sostenidos por un cinturón que se lleva debajo; la propensión al conjunto es la capucha ascética blanca convencional.

A decir verdad, fueron traídos en la Edad Media como «sacerdotes blancos», en lugar de los «sacerdotes oscuros» que eran los benedictinos. El nombre de Sacerdotes Bernardos» o básicamente «bernardos» es igualmente incesante, por el impulso que Bernardo de Fontaine le dio a la solicitud.

A pesar de que observan el estandarte de San Benito, los cistercienses no se consideran apropiadamente benedictinos. Fue en el IV Concilio de Letrán de 1215 que «benedictino» pareció asignar sacerdotes que no tenían un lugar con una solicitud unificada, en lugar de los cistercienses.

Fundadores 

El estilo de vida cisterciense comenzó a materializarse con la fundación de la Abadía de Notre – Dame de Molesmes por Robert de Molesmes en 1075, en el distrito de Tonnerre. Roberto de Molesmes fue traído al mundo vestido de champán y se identificó con la familia Maligny, quizás la más significativa del distrito.

Comenzó su afición a los quince años en la Abadía de Moutiers-la-Celle, en el obispado de Troyes, donde llegó antes. Infundido con el ideal de recuperación de la vida religiosa fundado por San Benito, dejó la comunidad religiosa en 1075 para incorporarla.

Compartió el abatimiento, la miseria, el ayuno y la súplica con siete solitarios, cuya vida de otro mundo conducía. Se acomodaron en los bosques de Collan, o Colán, cerca de Tonnerre.

Gracias a los gobernantes de Maligny, la reunión se acomodó en el valle de Laignes, en la ciudad de Molesmes. Adoptaron reglas como las de los camaldulenses, consolidando la existencia pública del trabajo y el oficio benedictino con el hermitismo.

Nueva abadía

Este establecimiento fue fructífero. El nuevo monasterio atrajo a varios invitados y colaboradores, estrictos y personas. «Quince años después de su fundación, Molesmes parecía cualquier próspero convento benedictino del que ahora es el momento ideal».

Sin embargo, las solicitudes de Roberto y Albéric fueron inadecuadas. Surgieron divisiones dentro del área local. En 1090, Roberto, para ciertos compinches, optó por evitar el monasterio y sus disputas por un tiempo, conformándose con ciertos hermanos de Aulx para llevar una vida de recluso.

Tuvo que volver al convento que coordinaba en Molesmes. Se dio cuenta de que no tendría la opción de satisfacer su ideal de desamparo y desamparo en Molesmes, donde los seguidores de la costumbre se oponían a los de recargar.

Así, Roberto consiguió la aprobación de Hugues de Die, tradición del Papa, y reconoció un lugar singular situado en el bosque pantanoso del distrito bajo de Dijon para retirarse y ensayar.

En la actualidad 

La extensión se llevó a cabo en los primeros veinte años, pero la Primera Guerra Mundial influyó en numerosos conventos y la Segunda Guerra Mundial fue sin duda una época más peligrosa para la Orden.

Desde los años cincuenta y sesenta, ha habido un tratamiento sólido de las normas y convenciones que se incorporaron a la Orden, y además ha habido una disminución y maduración crítica de sus individuos.

Junto a los cistercienses fusionados formalmente en las dos ramas, existen diversas redes de damas que viven en un círculo de profundo impacto cisterciense, ya sea en una petición o en una reunión, por ejemplo, las Bernardinas de Esquermes, las de Oudenaarde y las de Suiza romanda.

¿Cómo llegar al Monasterio de San Andrés de Arroyo?

El claustro de Santa María y San Andrés, frecuentemente llamado Monasterio de San Andrés de Arroyo, es un convento de monjas cistercienses, de la Congregación de San Bernardo o de Castilla, situado en la Calle Real del sector de San Andrés de Arroyo, hacia las afueras de la ciudad de Palencia, en España.

Un lugar el cual podrás apreciar y retomar en este Monasterio de San Andrés de Arroyo parte de la historia, cultura y religión. Detalles que se retoman en el presente vídeo. Invitándole al mismo tiempo leer los siguientes enlace que le resultarán igualmente interesante.

 

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